Esta mañana participé de lo que aquí llaman un “Rally”. Se trata de un pequeño acto de campaña donde el candidato principal, así como los senadores, diputados y demás personalidades que lo acompañan, dan un par de discursos y saludan personalmente a la mayoría de los seguidores que se acercan.
Primero habló Rudy Giuliani, quien se dedicó a elogiar a McCain y le cedió el micrófono a la mujer del candidato (bastante más joven que el por cierto!), ella habló sobre la guerra y sobre lo importante que es que los chicos vuelvan de allí “victoriosos”, fue bastante fuerte el mensaje proviniendo de una mujer. Luego presentó orgullosa a su marido…
Con la música de Rocky a todo volumen (The eye of the tigre) el candidato subió al escenario vestido de saco y corbata. La primera sensación que me generó fue algo así como de tristeza. Me encontré con un señor mayor (71 años) que se encontraba haciendo un esfuerzo sobrehumano para estar allí desvestido (0 grados a las 7am en NY, con una llovizna casi aguanieve cayéndonos encima) y subiéndose a la escalerita del escenario. McCain tiene una cara de bueno impresionante, y lo primero en que pensé cuando lo ví fue en sus 6 años de prisión en Vietnam (donde fue torturado durante mucho tiempo y donde pudo ser liberado pero decidió quedarse hasta que todos sus compañeros fueran liberados con el). Me parecieron suficientes esos sufrimientos. Pensé que si fuera mi abuelo o mi padre, preferiría tenerlo en casa descansando y cuidándose de los problemas físicos que de hecho tiene.
