Sito este post de Eduardo Punset que me pareció bastante interesante. Podría ser el origen de un debate interminable… pero a grandes rasgos debo decir que me siento bastante identificado con su posición.
Cuando mis amigos más progres quieren tranquilizarme ante las manifestaciones machistas de algunos sectores muy jóvenes, aluden al contexto social de pobreza y marginación en el que viven esos grupos. “Eduardo, la pobreza es la causante de estas aberraciones y eso es culpa nuestra por un reparto equivocado de los bienes.” Nunca me convencieron esos argumentos.
Las hermanitas de la caridad eran muy pobres y nunca se caracterizaron por dosis estentóreas de violencia. Sectores de la mafia rusa superan con creces los niveles de renta promedio y han dado muestras de comportamientos delictivos sin precedentes. ¿No tendrá que ver el recurso continuado a ideas trilladas con el anquilosamiento del pensamiento dogmático, de las ideologías políticas del pasado? ¿Dónde están las ideas nuevas sobre situaciones nuevas?
Hace unos diez años, expertos de custodia de prisiones y programas de rehabilitación empezaron a cuestionar la tesis que busca en la pobreza la fuente del mal. Pero eran voces aisladas que ni siquiera consiguieron segmentar regímenes indiferenciados de rehabilitación. Al psicópata, con una inteligencia superior al promedio y una capacidad de empatía netamente inferior, se le sometía –y se lo somete– a la misma rehabilitación que al carterista común. Resultado: el psicópata dispone después del curso de mayor información para criminalizar su capacidad intacta de ignorar el sufrimiento de los demás. (más…)
Hace un tiempo escribí aquí sobre mi parecer al respecto de los cambios que deberían realizarse a las reglas del fútbol. Sin embargo hay uno de estos cambios que ya ni siquiera me parece una buena opción, sino que creo que es algo inevitable y urgente para salvar el fútbol.
Si alguno de mis lectores ha visto alguno de los resúmenes de las últimas tres fechas del torneo argentino, compartirá conmigo esta afirmación: 9 de cada 10 equipos (jugadores, técnicos, la hinchada ante todo y la misma dirigencia en algunos casos) terminan el partido en disconformidad con las medidas del árbitro, aduciendo que perdieron el partido culpa de sus errores (ya sea que les hayan “robado” los puntos o sostengan que el árbitro se equivocó). En muchos casos, estas diferencias han terminado en peleas entre los jugadores y en no pocos casos entre los hinchas.
Sin embargo, mientras en las canchas argentinas sigue muriendo gente (esto es realmente impresionante, morir en un espectáculo deportivo) y la violencia mantiene su nivel entre los jugadores, dirigentes y el público del fútbol en general, la dirigencia argentina continúa priorizando el “espectáculo” (¿se referirán al circo romano?) y negándose a sumar los recursos que la tecnología ofrece para la resolución de diferencias en el deporte. Prácticamente ya no existen deportes en el mundo (ahora yo no recuerdo ninguno aparte del fútbol) donde no se cuente con un monitor en el que un miembro del equipo arbitral observe las repeticiones y corrija a tiempo los errores arbitrales. (más…)
Hace poco escribí un comentario en un blog amigo haciendo referencia a la violencia política en la Argentina de los 70 (esa que algunas gobernantes se desesperan por volver a vivir) y me animé a referirme a “los dos bandos” de aquella época. Entonces otro comentarista, casi escandalizado, saltó a aclarar que “solo un bando violento había en esa época” (o algo así…)
Ahora me pregunto: no se puede criticar la violencia política de la izquierda sin ser facho en Argentina? hay que optar entre ser golpista o reivindicar los degüellos del Che, las bombas, la intolerancia, el odio y la revolución violenta?
Yo repudio el golpe militar y los años de gobierno de facto, de la misma manera que repudio a la izquierda argentina que provocó a estos matones a través del terror y la violencia.
Pero resulta que Argentina sigue siendo un país de hipócritas y de miedosos. Nadie se anima a romper el prurito, el tabu o el lugar común de callar ante la intolerancia y el totalitarismo de la izquierda.
Por eso es que nuestra Sra Presidente Cristina Kirchner puede decir las incongruencias que dice por Televisión. Porque la mayoría va a callar ante ellas, y el que no lo haga será un FACHO.
En este marco, me parece oportuno este monologo de Enrique Pinti
Solo progresaremos como País cuando aprendamos que la violencia, la intolerancia, la incongruencia y la falta de sentido común pueden estar en cualquiera de los extremos de la oferta ideológica.
En el blog de Intoku encontré este gráfico que me llamó la atención. Es la “curva de la felicidad”.
Su autor es Andrew Oswald, de la Universidad Warwick del Reino Unido, quien dice que:
“De una forma bastante regular en los seres humanos de todo el mundo existe un nivel en forma de U en felicidad y salud mental” y “les sucede a hombres y mujeres, a solteros y casados, a ricos y poblres, a aquellos que tienen hijos y a los que no los tienen”.
Para elaborar la curva, la investigación constó en analizar datos de ansiedad, depresión y bienestar entre 2.000.000 de personas en 80 países en todo el mundo.
Según este promedio de satisfacción en la vida, hasta los 20 años serás feliz, pero luego entrarás en un período de tres o cuatro décadas donde esta satisfacción disminuye, mientras que desde los 50 años en adelante la felicidad vuelve a ser mas intensa.
Igualmente, viendo el gráfico, la variación negativa de estos años malos se da entre 5.4 y 5.1 (en una escala de 7) lo que no es tanto relativamente.
Otro dato curioso es que según esta curva los hombres son más felices que las mujeres en la infancia.
Personalmente, me llama la atención que la época más difícil según este estudio sea la época de las responsabilidades (laborales, familiares…) mientras que lo años antes de la niñez y adolescencia, así como los de la vejez, son los de mayor dependencia. Al parecer no nos gusta asumir responsabilidades.
Ordenando algunos videos que no se habían pasado correctamente con el cambio de blog, encontré este post que es uno de los que más me gusta de los que armé desde que escribo este espacio. Por este motivo lo reedito ahora, pero también porque tengo la “infantil” esperanza de que pueda ser leído al menos por algún ciudadano de alguno de esos tantos países cuyos líderes, elegidos democráticamente y con apoyo popular, se han tornado más y más violentos con el tiempo y han arrastrado a su gente en su locura. Gente que un día es probable que se encuentren inmersos en una locura bélica que nunca hubieran planeado ni apoyado.
Si alguien todavía sueña con el mito de la revolución Cubana, del Socialismo o la liberación frente al Imperio, le recomiendo esta filmación (y otras mas) que hizo Martín Varsavsky en Cuba.Varsavsky no es un “facho”, ni un defensor de las fuerzas armadas o algo así. Es un progresista con todas las letras, cuyo primo fue asesinado por los militares argentinos y el se salvó de suerte. Es muy interesante entonces verlo reconocer que todo lo que escuchó y de lo que habló en su adolescencia era una mentira, porque Cuba es una mentira.
Según el mismo dice, lo que está contando es “la breve historia de un progresista argentino/español que tenía una visión de Cuba a la Michael Moore hasta antes de visitar la isla. Mi visión actual es que no hay progresismo en Cuba, y que lo único que puede serlo es deshacerse del Castrismo y abrirse al mundo…”
Estos videos y escritos de Varsavsky en Cuba me hacen acordar al libro de Jorge Lanata que leí hace poco “Morir de amor” donde describe como los guerrilleros no se daban la libertad de renunciar a la guerrilla si se arrepentían y se mataban entre ellos. Cuenta la historia de algunos pobres ilusos revolucionarios que se sumaban a esa locura sin saber de que se trataba y se encontraban con que su héroe el Che era un asesino serial que de lo único que hablaba era de violencia y muerte, sin ningún tipo de humanidad. Aparte no tenían ni un plan serio de pelea o de lucha, ni mucho menos un plan de gobierno para cuando asumieran los Estados que consiguieran.
Anoche me acosté pensando en esta tesis: los barrios privados generan seguridad en el corto plazo pero inseguridad en el largo. Y en este sentido, creyendo que es una trinchera nos estamos cavando nuestra propia fosa.
Históricamente el desarrollo de las ciudades responde a un efecto que se me ocurre llamar “igualador”. Cuando una propiedad limpia y recicla su fachada, la que esta a su lado aumenta también su valor. De la misma manera, un nuevo local comercial aumenta las ventas de los aledaños, porque atrae clientes a la cuadra y genera movimiento. El desarrollo de un barrio es en general homogéneo y de alguna manera, sus pobladores crecen o decrecen socioeconómicamente a la luz de la prosperidad del mismo. De la misma forma, el desarrollo cultural de los habitantes de un barrio genera un efecto igualador entre los pares. Los clubes sociales, las escuelas, la universidad, los espacios de trabajo y los propios espacios públicos, son agentes transmisores de ideas, posturas, pensamientos y formas de ver el mundo similares, o al menos compatibles.
Hace ya algunas décadas, con el advenimiento de las villas de emergencia, vimos en Buenos Aires que por primera vez esto no ocurría. Nos encontramos con que junto a un barrio seguro, ordenado, limpio y bien valorado, aparecía un barrio desordenado, sucio, inseguro y poco valorado. Por primera vez los porteños vimos que solo una cuadra podía separar una gran casa de una familia acomodada de la casilla de chapa de una familia hacinada. Y lo que era más grave, que esta última subsistiría en idénticas consecuencias a pesar del desarrollo exponencial de la primera.
Gastón Gaudio y Guillermo Coria disputaban hace tres años la final “argentina” de Roland Garrós. Coria aseguraba desde chico que sería número uno del mundo. Gaudio todo lo contrario, “Gastón, jugando así no le ganas a nadie” se le escucho más de una vez en la cancha. Por ambos caminos (la sobre estimación y la subestimación) cada no de ellos avanzaba puestos en el ranking de la ATP hasta que ambos ingresaron entre los top ten, llegando a estar Coria tercero durante unas semanas y gaudio cuarto luego del triunfo en el Gran Slam de París. Sin embargo, hoy ambos se encuentan en un nivel increiblemetne inferior, perdiendo con jugadores que no clasifican entre los 100 mejores y compitiendo torneos de otro nivel, que tampoco pueden ganar. La única explicación: la mente.
El físico de ambos jugadores es el mismo, la edad no puede ser un impedimento, ya que los 26 de Coria y los 30 de Gaudio le dan a ambos una combicaíón de jubentud y experiencia que en muchos jugadores marca el punto más alto en su trayectoria deportiva (y sus declives comenzaron hace ya dos años). Los casos son diferntes pero paradigmaticaos. Guillermo soñó todo su vida con el numero uno, aunque debido a su estatura, muchos lo miraban con algún descreimiento, su talento lo levaría a ser de los mejores, pero difícilmente a ser el mejor de todos. Peo Gillermo entrenaba unas horas mas que todos los demás y así, corriendo y corriendo fuera y dentro de la cancha, alcanzó un nivel muy importnate. Sin embargo, su derrota en la final de RG, luego de un inteminable partido en el que tuvo varios match pints para garar y donde era favorito, lo derrumbó psicolóigicamente y su tenis se desplomó como pocas veces en la historia de este deporte. Comenzó a hacer dobles faltas, sus clásicos slices pedieron su eficiencia y ya no llegaba un segundo antes a todas las pelotas.
Según esuché alguna vez de un comentarista de tenis bastante conocido, la conclusión es este: Gillermo jugaba para ser primero y esa tarde supo que ya no lo sería. Claro, uno de nosotros pensaría, preo si puede ser segundo, tercero o hasta 7mo del mundo!!! cual es el problema? el problema es que Coria no lo aceptó. Jugaba con el número 12 o 17 del mundo con la sensación de que era superior y debía ganarle facilmente, claro que no era así. Entonces el tenis de Corira se enrredó en un montón de problemas mentales, donde no soportaba jugar con jugadores que no clasificaran entre los 20 mejores. Paara el, estar entre los tops ten no tenía mayor importancia, su disputa era por el núemro uno. Cuando supo que esto sería impsible, su objetivo y su meta se desvanecieron y desgraciadamente, no pudo cambiar sus motivaciones. (más…)