Conectando los puntos

Sensaciones encontradas

Junio 19, 2008 · 1 comentario

No se bien porqué, si por adhesión al cacerolazo o por vocación periodística (porque debo reconocer que estuve más pendiente de tomar buenas fotos que de hacer ruido) la otra noche apagué la TV y salí al a calle.

Me dirigí al Obelisco, luego fuimos al Congreso de la Nación y finalmente bajamos caminando por Callao hasta que ya entrado el día siguiente, de manera imperceptible todos fueron desapareciendo. A la altura de Arenales noté que me encontraba caminando solo, a la medianoche por el medio de la avenida. Fue como una vuelta inmediata a la realidad.

Mientras todavía éramos muchos, de las ventanas iba saliendo gente para aplaudir y acompañar. Lo del Congreso fue indescriptible: el Himno Nacional cantado con los corazones, mucho reproche y cacerola, y una cordura increíble. Mientras el calor de la acción generaba algún exacerbo verbal, eran mucho más los que gritaban: paz, tolerancia, respeto, democracia….. palabras que hace mucho no escuchaba tan llenas de contenido. Realmente creía que ya estaban vacías. Recuperaron significación en mi diccionario.

El piquete, o corte de rutas, me genera sensaciones encontradas, pero al cacerolazo lo percibo irrefutable.

Sobre el corte

Apoyo la indignación de un sector ante la voracidad recaudatoria concretada con una medida de tan dudosa legalidad y me cuesta encontrar otra estrategia exitosa diferente a esta, pero debo reconocer que cuando se trataba de otros sectores lo repugnaba. El derecho de unos no justifica el detrimento de los derechos de otros. Esto es claro e irrefutable. Pero cuando todos los sectores han recurrido a esta vía y el Gobierno lo ha tolerado, ¿con que argumentos se la podríamos negar a éstos últimos “piqueteros”?. Y más aún, ¿con qué autoridad se lo reprochará el Gobierno si lo hace justamente en boca del “piquetero” por antonomasia (de quién ES en función de ser Piquetero)?.

Porqué no confesarlo: ante esta hipocresía violenta los pruritos ante el piquete se debilitan y la ocasión para justificarlo resulta por demás tentadora. Definitivamente, genera sensaciones encontradas.

Ahora bien, en este sentido hay una conclusión ineludible: la tolerancia y complicidad del Gobierno, durante más de 5 años, con sus aliados callejeros, hoy le vuelven como un bumeran filoso.

Sobre el cacerolazo

Alguien tiene algún argumento concreto en detrimento de esta forma de expresión pacífica, sincera, espontánea…

Nadie ha cobrado un peso, nadie les ha repuesto los cacharros abollados ni compensado el tiempo aportado. Tan solo han cobrado el placer de la PARTICIPACIÓN (ese cosquilleo que hace mucho no sentía) y que alimenta a estos millones de ciudadanos que NO SON GOLPISTAS, pero sienten que no pueden quedarse de brazos cruzados ante la impotencia de la nueva oportunidad dinamitada por la AMBICIÓN.

¿Porqué no salieron antes? (por injusticias aún más duras como la muerte de hambre o enfermedades curables de niños argentinos por causa de la negligencia política): no tengo respuestas. No hay justificación.

Fortuna del destino, durante le fervor de la Cacerola pasamos por un local partidario del que colgaba una bandera de Cristina (un bocadillo demasiado sabroso a los comensales). Un adolescente alcanzó a arrancarla, dejándola caer en el piso. Mientras tanto, la MASA se acercaba a la misma con hambre y se vió la luz del primer encendedor. Mientras yo preparaba la máquina desesperadamente para no perder esa foto, una vos se holló entre la multitud: “che, pará, no somos gorilas”, a lo que otro respondió “tiene razón, nosotros no somos los violentos”.

Increíblemente la bandera sobrevivió y mi esperanza también.

Categorías: Política y elecciones
Etiquetado: , , ,

1 respuesta hasta el momento ↓

  • Leandro // Junio 19, 2008 a 4:53 pm | Responder

    Muy bueno el articulo. Me pareció muy interesante lo que comentaste que sucedió con la bandera.
    Yo particularmente no comparto esto de los cacerolazos espontáneos y te digo porque:
    Primero porque creo que en el fondo que es interesado. Vos bien te planteas en tu articulo porque esta gente no ha salido en otros hecho más injustos como temas de gatillo fácil, alguna violación, etc.
    Cuando digo esta gente me refiero a gente de clase media como la que seguramente se encuentra en este tipo de cacerolazos. A esta parte de la sociedad claramente le molesta algunas palabras sobervias de la Presidenta pero en el fondo lo que más le molesta es el bolsillo, es porque le está pegando la inflación. Le molesta no encontrar leche o carne en el supermercado o no poder cargar nafta y por eso termina saliendo. Obviamente los motivos no son pocos. Pero esto me hace acordar cuando fue lo del caso Blumberg. En mi trabajo circulaba una planilla para firmar para adherirse a no me acuerdo que cosa y además algunas estaban viendo de ir a la marcha. Cuando le pregunte porque iban ya que nunca antes habían comentado que iban a otras marcha me dijo que esto parecía muy injusto y que este chico Axel “parecía” un chico “bien”. Ahi comprendí que esta persona se había sentido tocada, ahora comprendía que le podía suceder algo así y eso le motivaba a querer ir a la marcha.

    Es decir esta clase media sale con sus cacerolas cuando sienten que le han tocado, pero no creo que haya un sentido de hermandad, de patriotismo o de unión en esa manifestación. Eso no quita que en este tipo de manifestaciónes no surjan algunas expresiones por parte de las personas que son producto de estar en grupo pero que individualmente no las comparte, como por ejemplo cantar el himno nacional.

    slds.

Dejar un comentario