Hace unos días escribí este artículo sobre el conflicto entre el Campo y el Gobierno Argentino. La tesis era la siguiente: El “modelo de país” que han desarrollado los Kirchner no es económico (han continuado el que heredaron), sino que es un modelo político. Y en este sentido, este modelo ha perseguido un solo objetivo: La acumulación de poder.
En este marco, encuentro esta entrevista a Tomás Abrham, publicada hace dos sábados en la revista adnCultura del diario La Nación.
Me parece espectacular la aproximación que hace al tema del poder y a la aceptación de la corrupción si ésta es favorable a los propios intereses. En especial, me parece una entrevista poderosa por tratarse de un intelectual progresista que se enfrenta sin ningún complejo a sus colegas que, según su posición, han transado con el poder de turno.
Transcribo aquí los párrafos que me parecieron más importantes:
- Pero los intelectuales se indignan con la corrupción
“Se indignan cuando la corrupción viene de la derecha, pero si no, es un medio para obtener un poder necesario para un fin sentenciado como bueno. ¿Vos creés que a Hebe de Bonafini le importan los fondos de Santa Cruz? Si son para la causa. Pero ese es un sector de la sociedad. El otro, el mayoritario, acepta la corrupción como una fatalidad inevitable del país y lo único que le importa es que las cosas avancen. No interesa cómo, pero que avancen. Hay tal resignación”.
-¿Que avance la economía?
“Claro, es lo que más daño produjo en los últimos años. Que no haya una crisis como la de 2001″.
-¿No es comprensible desde el punto de vista humano?
“Es comprensible pero no aceptable porque es un dilema falso. Se cree que se puede hacer una cosa bien sin la otra y en realidad no funciona ninguna”.
“Ahí el poder busca su legitimidad ética y vive de la ilegalidad de 2000, la de los gobiernos que manipulan, y de la legitimidad de los años 70. “Nosotras somos las madres de los que murieron.” Están los políticos que hacen los monumentos a la memoria y todo eso va fabricando una memoria que legitima la ilegalidad de hoy. Aquí falla algo”.
“Hay una apropiación política de los derechos para legitimar una construcción de poder. Ese fue el pacto que hizo Kirchner en 2004 con las organizaciones de derechos humanos: “Yo les abro los juicios y ustedes me apoyan en todo”. Y las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo se sacaron el pañuelo. Estamos discutiendo política y no cuestiones que tienen que ver con los derechos del hombre, sino cuestiones de poder. Y en esas cuestiones de poder ese pacto es para ser denunciado. Eso no tiene que ver con la violación de los derechos humanos en la Argentina. Tiene que ver con un nuevo pacto político. Y con una apropiación no solamente de los derechos humanos, sino de las voces de los que murieron asesinados en la década del 70. ¿Quién puede hablar en nombre de ellos?”.
“Hay una legitimación de la violencia de parte de una capa cultural que la estimula desde afuera, desde los sillones, en donde legitiman cualquier cosa en nombre de que existe la violencia generalizada y hay injusticia y entonces todos los medios son buenos. Hay una fuerte crisis cultural y educativa. No económica, ni política. Por eso la necesidad de otro tipo de políticos. Y no es la cuestión de la honestidad. Es la cuestión de qué tipo de organización queremos. Esta sociedad ha sufrido tantas crisis que tiene anomia institucional. Acá nadie cree en nada. Y es mentira que en todo el mundo pasa lo mismo. No es así en Uruguay. Eso forma parte de la decadencia que no se mitiga con venturas ocasionales en lo económico. Hablan de construcción de poder pero no se habla en serio de una nueva idea de lo que es hacer política”.
-El discurso de los derechos humanos limpia.
“Limpia, y no es solamente un malentendido. Eso muestra otro tipo de corrupción que no es la económica. Es una cuestión de amoralidad o inmoralidad y falta de honestidad y de coraje para decir cosas. Hay mucha gente que tiene miedo de hablar porque teme la descalificación pública y la exclusión. En cierto universo la gente lo que menos quiere es que le digan que es de derecha. Hay mucho miedo a la palabra derecha. Hay un conformismo y bastante cobardía y falta de honestidad”.
“Aprovechó la situación con oportunismo y también sentido de la oportunidad, pero tenés que pensar qué hacer cuando se acabe eso. Si calentás la economía, das más trabajo, bajás la desocupación, después viene la inflación, no hace falta ser un genio. No previeron nada y no pensaron nada para cambiar. Es lo mismo que pasó con la convertibilidad, les salió bien hasta 1995, vino la crisis mexicana, la crisis de todo el mundo y no pensaron nada. Tuvo que reventar. Es la conducta de los políticos argentinos: que reviente, así nadie tiene la culpa”.
-¿La culpa se diluye?
“Vos decís: la culpa de la inflación la tiene la soja. O dejás que el ajuste lo haga la inflación. La gente en la calle, inflación del 30 por ciento y la culpa no la tiene una medida que tomó el gobierno. Cuando López Murphy dijo: “Bajo los sueldos estatales 13 por ciento”, no lo lincharon porque faltó la cuerda y se fue. Pero cuando se hizo la devaluación y bajaron 40 por ciento, nadie tuvo la culpa. Se busca que reviente para volver a estar en el escenario político. Es una conducta suicida”.
-Pero ellos nunca mueren.
“Justamente, porque viven del reviente general”.
- (A los Kirchner) Nunca les interesaron los derechos humanos en Santa Cruz.
“No tienen esa formación cultural. Es gente educada para el poder, no para el Derecho. Hay algunos políticos que combinan las dos cosas. Ellos no, para ellos es el poder. Hay un tipo de persona que se dedica a la política y puede llegar a pensar que no vale la pena el poder porque se llega a un punto tal de lo intolerable que se retira. Hay otro tipo de políticos para los que siempre vale la pena, hoy están a la derecha; mañana, a la izquierda. Da exactamente lo mismo. El asunto es acumular poder”.
-La habilidad de este gobierno es que no va nadie, ni dan entrevistas. No entran en la dinámica periodística.
“El otro día leí que querían llevar a la comisaría a un periodista de una radio porque mientras Cristina decía que los colegios privados no aumentaron, él saltó y dijo que el suyo aumentó. Me lo imagino al tipo todo el tiempo sentado sin poder decir nada durante cuatro años, sin poder hacer una sola pregunta, y cuando le dicen cualquier cosa y la que se lo dice sabe que dice cualquier cosa, bueno, el periodista explotó: “¡Cortala!”.






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“La democracia es gris, no se puede vivir en democracia con un relato épico” « Conectando los puntos // Agosto 11, 2008 a 2:01 am |
[...] 11, 2008 · No hay comentarios Hace un tiempo destaqué aquí una entrevista de ADN Cultura a Tomás Abraham en la que denunciaba como la corrupción K es [...]