Conectando los puntos

La culpa es de las rejas

Marzo 11, 2008 · Dejar un comentario

Anoche me acosté pensando en esta tesis: los barrios privados generan seguridad en el corto plazo pero inseguridad en el largo. Y en este sentido, creyendo que es una trinchera nos estamos cavando nuestra propia fosa.

Históricamente el desarrollo de las ciudades responde a un efecto que se me ocurre llamar “igualador”. Cuando una propiedad limpia y recicla su fachada, la que esta a su lado aumenta también su valor. De la misma manera, un nuevo local comercial aumenta las ventas de los aledaños, porque atrae clientes a la cuadra y genera movimiento. El desarrollo de un barrio es en general homogéneo y de alguna manera, sus pobladores crecen o decrecen socioeconómicamente a la luz de la prosperidad del mismo. De la misma forma, el desarrollo cultural de los habitantes de un barrio genera un efecto igualador entre los pares. Los clubes sociales, las escuelas, la universidad, los espacios de trabajo y los propios espacios públicos, son agentes transmisores de ideas, posturas, pensamientos y formas de ver el mundo similares, o al menos compatibles.

Hace ya algunas décadas, con el advenimiento de las villas de emergencia, vimos en Buenos Aires que por primera vez esto no ocurría. Nos encontramos con que junto a un barrio seguro, ordenado, limpio y bien valorado, aparecía un barrio desordenado, sucio, inseguro y poco valorado. Por primera vez los porteños vimos que solo una cuadra podía separar una gran casa de una familia acomodada de la casilla de chapa de una familia hacinada. Y lo que era más grave, que esta última subsistiría en idénticas consecuencias a pesar del desarrollo exponencial de la primera.


Estos “barrios” establecidos en una geografía absolutamente ajena se desarrollaron durante décadas en una increíble lejanía, como si el reloj corriera a otro tiempo para cada uno, o como si los pocos metros de distancia fueran un mar de separación. Así, un país que gozaba de una gran clase media igualitaria se acostumbró a pronunciar más seguido palabras como: contraste, desigualdad, inseguridad, choque cultural, injusticia, bronca, delincuencia, pobreza, indigencia.

Ahora bien, de la misma manera que este fenómeno trastocó la vida cotidiana de la gran ciudad y sus alrededores, ahora, los que tenemos más plata y vivimos en esas casas de familias acomodadas, hemos decidido emprender el mismo proceso que habíamos odiado. Debido una combinación de dos factores fundamentales (la búsqueda de naturaleza por un lado, escapándose de la ciudad, y la búsqueda de seguridad) hemos concretado algunos años después lo mismo que nos había indignado algunos años antes: nos fuimos a vivir junto a las villas, a pocos metros, con nuestras casas gigantes y autos importados.

La distancia que separa la última casa del barrio cerrado de la casilla de chapa ahora es la misma, unos pocos metros. Pero con una única diferencia que estimo será la culpable de un futuro catastrófico: hemos puesto rejas!

Si el efecto igualador de las ciudades había perdido fuerza frente al advenimiento de las villas en la ciudad; frente al desarrollo de los barrio CERRADOS, la desigualdad ha encontrado el Néctar de la vida eterna.

Como medida de corto plazo, los barrios privados sin duda disminuyen la cantidad de robos (quién se anima a vivir en una casa con puertas a la calle? Yo no !) pero al menos debemos hacerlo con conciencia de lo que estamos haciendo. No podremos decir dentro de algunas décadas: ¿cómo es que luego de tantos años los de acá al lado siguen igual?, ¿porqué se ensañan en saltar las rejas para entrar a nuestras casas?, ¿qué hemos hecho mal?

Ningún funcionario público lo ha dicho, ni se lo escuché a ningún ciudadano, pero la verdad es que hemos renunciado. “No podemos hacerlo” fue nuestra declaración tácita . Hemos reconocido la victoria de los enemigos (pobreza e insguridad), nos hemos rendido… se nos han acabado las ideas. “Sálvese quien pueda, todos a las fortalezas”, pero debemos ser conscientes de ello.

Los barrios cerrados nos dan seguridad, pero solo lo harán por un tiempo. Mientras tanto, sus rejas se encargan día a día de impedir el proceso natural de la igualdad, y las consecuencias no serán pequeñas.

Categorías: Análisis y pensamientos
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